Ser visto y ser escuchado

Esta entrada en el blog la publicaremos en las categorías ‘Exploración en Familia’ y en ‘Formación Permanente’, porque forma parte de nuestro programa: Actividades Culturales – exploramos nuestros sentidos y también  se trata del primer paso de nuestra metodología didáctica para Niños con Necesidades Educativas Especiales ‘El Faquir’ que es el estado.  Con ‘el estado’ se refiere a la disposición que tiene un alumno para poder trabajar. Un cuerpo en estado de alerta como un volcán que puede explotar en cualquier momento y un cerebro en estrés es simplemente  incapaz de asimilar algo nuevo, in apto de crear nuevos circuitos de neuronas que son aprendizajes.

Tener paz interior significa tener espacio para explorar un terreno desconocido y poder conectar con ello o poder disfrutar de un momento cualquier, que en el fondo es ‘sentirse feliz’.

Qué necesitamos para ser una persona feliz o tener paz interior: cobijo,- dinero,- amor,- trabajo,- un amigo,- una pareja,- pasear,- hacer lo que te gusta… Por encima de todo o por debajo, creo que nos tenemos que liberar de nuestros volcanes interiores, y para eso ser visto y escuchado.

La vida es tal como se presenta. A todos nosotros se presente de diferentes maneras. Unos tienen más suerte que otros a los que les caigan desgracias cada dos por tres. No por eso uno necesariamente vive más feliz. Los que encuentren paz interior con las cosas que han pasado y están pasando a lo largo de la vida, son los que se sienten vistos y escuchados.

Ser vistos y escuchados es ser reconocidos en quiénes somos. Hace que nos sentimos reconocidos y ‘tomados en serio’.

Todas las cosas que nos pasen nos producen emociones; alegres, tristes, enfadados, desilusionados, cansados, etc. Intentar taparlos es como crear un volcán que amenace explotar en cualquier momento y muchas veces en el menos oportuno. Sin embargo si permitimos nuestros emociones estar y si tenemos la suerte de que una persona en nuestro entorno nos está viendo en este proceso y nos escucha en lo que nos produce de emociones, estamos en camino a aceptar lo sucedido.

Haber visto lo ocurrido,- haber escuchado lo que nos produce,- sentirnos reconocidos en lo que sentimos,- hace que en algún momento lo pasado se convierte en algo que pasó. Y cuando ‘lo que paso’ pasó, pasado está. El volcán se apago y podemos sentir paz interior. Quizás con alguna cicatriz o algunas arrugas más, pero con espacio para empezar algo nuevo.

Con la vista, nuestra atención, aumentamos la energía en un punto concreto. Funciona como un acelerador produciendo más potencia. Escuchar sin dar avisos, dar soluciones, o intentar desviar la atención diciendo que ‘no pasa nada’, ‘olvídelo’, ‘piensa en algo más divertido’, pero escuchar y afirmar que ‘eso’ uno se hace sentir como uno se siente, es el primer paso a la aceptación. Una vez aceptada, (perdonada) lo ocurrido se pasa a otro estado de conciencia, y poco a poco pasa a ser a: ‘lo que paso- pasó, en el pasado está’.

En aula nos encontramos con niños y niñas de diferentes realidades y situaciones que tienen que confrontar. Pero también pasa con nuestros compañeros de trabajo y también con las personas en nuestro círculo personal. ¿Cómo se hace lo de ser visto y escuchado…?

Todo es cuestión de tiempo. Es un proceso que tenemos que aprender. Tanto el que ve y escucha como el que se hace ver y escuchar. Como personas sentimos emociones. Como personas podemos reflexionar sobre nuestras emociones y como personas podemos hablar. Es un proceso que tenemos que aprender. Para los niños es quizás más fácil dibujar o disimular en un juego con muñecos, títeres o playmovíl para contar lo que pasa en su interior.

Es cuestión de tiempo. La empatía crece en nuestro cerebro cuando tenemos solo meses y nuestro cerebro está en plena formación. Crece a través de la mirada autentica, (amorosa) y pacífica de una persona que nos cuide. Crece a través de que nos sentimos escuchados en nuestras necesidades. Pasados este momento se convierte en un crecimiento personal que uno va ganando paso a paso con algo de tiempo y dedicación.

Y sobre todo es cuestión de tiempo a cuando sentarnos a ver y escuchar los que tenemos en nuestro alrededor. A nuestros hijos, hijas, amigos, amigas, compañeros, compañeras, padres, madres, alumnos, alumnas, vecino, vecina, o una persona con quién en un momento dado nos cruzamos nuestros caminos.

Para eso comparto un poema de los indios americanos que fue compartido hace poco por una amiga:

Te deseo tiempo
Poema de Indios Americanos.

No te deseo un regalo cualquiera,
te deseo aquello que la mayoría no tiene,
te deseo tiempo, para reír y divertirte,
si lo usas adecuadamente podrás obtener de el lo que quieras.

Te deseo tiempo para tu quehacer y tú pensar
no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.

Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas
sino para que siempre estés content@.

Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra,
sino para que te quede:

Tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza
y no sólo para que lo veas en el reloj.

Te deseo tiempo para que toques las estrellas
y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú.

Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar,
no tiene sentido añorar.

Te deseo tiempo para que te encuentres contigo mism@,
para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.

También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.

Te deseo de corazón que tengas tiempo,
tiempo para la vida y para tu vida.

 

 

 

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