Código deontológico para la Psicopedogagía

Una golondrina no hace primavera,   Aristoteles.

Si me pregunto muy profundamente el porqué de la importancia de un código deontológico para las profesiones de la psicopedagogía…

Pienso en compromisos, -compromisos con mi misma, compromisos con mis hijos con mis padres y abuelos, con las horas que estoy trabajando y las horas que paso en casa. Los compromisos de mis horas y tareas en el trabajo.

Horas que trabajo yo y horas que trabaja el compañero, sueldos que traemos a casa- el por ser hombre y ella por ser mujer.

Me recuerda al profundo respeto que siento por ellos que rezan de modo diferente, que crecen en y contemplan paisajes tan distintos al mío. A los que camban su tierra por una más fértil y los recuerdos de sus memorias que para mí no son visibles.

Pienso en ellos que no se muevan con la facilidad que la mayoría, por falta de fuerza o un atributo de ayuda añadido. Una acera que es imposible de subir con una silla de rueda. Cuántos más esfuerzos para llegar a lo mismo.

Pienso en mis compañeros, como nos entendemos y a veces para nada.

Pienso en los cursos que me gustaría hacer, nuevos campos para descubrir y conocer. Técnicas educativas que reducen el trabajo a la mitad o menos. Nuevas técnicas científicas que facilitan y complican la vida. Técnicas profesionales aún por aprender.

Pienso en el peso de un secreto que aprieta mis hombros, pienso en una ley desaprovechada, en criterios que no son los míos, en directores que no saben liderar.

Pienso en las decisiones que tengo que tomar y no sé si son correctos o incorrectos.

Pienso en qué hacer para que mi espíritu se queda despierto y crítico y no se derrumbe por todo esto. Pienso en qué hacer para reflexionar, cómo implicarme con el respeto debido al espacio que necesito yo y los demás.

Pienso en mis decisiones en mis valores éticos, sin herir a nadie. Pienso en cómo crear un entorno para poder compartir y participar, donde ser visto y escuchado.

Pienso en cómo manifestar mi mundo ético, cómo y con qué comprometerme.

Estos compromisos son decisiones mías, los que hago yo en discusión con mí

interior. Soy responsable de ellos y al decidir por ellos, se convierten en mis responsabilidades.  Mis responsabilidades se convierten en mis obligaciones  en cuanto a lo que hago y dejo de hacer. Convirtiéndose de nuevo en mis compromisos con el entorno en cual me muevo y con mi misma.

También si pienso en ello, pienso en mis irritaciones y explosiones de rabia e impotencia cuando me encuentro con un profesional que no se ha mirado en este espejo, que no se ha dado cuenta de la enorme responsabilidad ética y moral que implica trabajar con otros y otras, o del estado anímico de los niños y chavales con quienes trabajamos y que precisen nuestra ayuda, de sus padres involucrados en preocupación y  preguntas, dependiendo de respuestas y una solución.

Cuando un parto va bien, una mujer pare sola, cuando un niño está bien, un niño aprende solo, pero la vida requiere mucho más y la realidad nos lo afirma «Exceptio probat regulam in casibus non exceptis» cada dos por tres. «si existe una excepción, debe existir una regla para la que se aplica dicha excepción».*

Concretar una deontología para la psicopedagogía me parece de suma importancia para la buena práctica docente en el siglo XXI y para el futuro. Será todo un proceso para llegar con el manifiesto a todos los profesionales en el ámbito de la educación, y será cuestión de tiempo. 

Como los tiempos cambian (épocas siguen a otras épocas) y mucho en el tiempo se transforma; el modo de transporte cambia, la forma de comunicarnos -cambia, la alimentación -cambia, incluso la educación –cambia, pero la gente siguen siendo gente.

Desde Aristoteles, Plato y Kant, por mucho que queremos y debemos determinar la época en que vivimos como una ‘Modernidad líquida’, y nombrar la ética que nos mueve ‘una ética de altura’ veo como yo mismo me muevo y la gente a quien puedo contemplar se mueve.

Veo personas que no encuentren equilibrio en sus acciones y no controlan los extremos de sus vicios. Muchos que no encuentran el término medio y pocos quienes respiran la virtud moral de lo que habló en su tiempo Aristoteles. Veo que mucha gente no se mueve con su autonomía propia, pero de forma heterónoma, -como el hombre sigue siendo esclavo –obedeciendo a factores ajenos a él, de lo que habló en su tiempo Emanuel Kant.

Veo la dificultad que demostramos, -que el cochero tiene para controlar al caballo malo (el alma irascible) y la habilidad para dar rienda libre al caballo bueno (el alma concupiscible), de lo que en su tiempo habló Platón.

Tendrán que aparecer más manifiestos como el manifiesto de la Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica de Cataluña del 28 de mayo, 2011 en Vic en Cataluña, para que dentro los profesionales que trabajan en el ámbito de la educación y que son personas, crezca la consciencia necesaria para aplicar una moral ética sana en todos sus campos.

Las  personas con el tiempo tendrán que realizarse que tanto Kant, como Platón y Aristoteles tenían razón en lo que escribieron sobre las personas y la ética y la moral. Estoy de acuerdo con Aristoteles que la moral es relativa, con distintos  puntas de vistas, diferentes experiencias vividas y dentro de realidades variables, nunca nos posicionaremos en el mismo término medio. Opino con Kant que tendríamos que dejarnos guiar por La ley Universal interior, para no dañar a nadie, y que esta Ley es absoluta, para todos igual. Que la libertad es responsabilidad y que sólo podemos construir un mundo donde las personas sean capaces de tomar decisiones autónomas desde nuestra libertad. También coincido con Platón en que tenemos que aprender dar rienda sueltas a aquella parte de nuestra alma donde nos alineamos con los impulsos que son buenos para nosotros y el entorno en el que nos movemos.

Muchas golondrinas (en forma de consciencia) tienen que llegar para que empiece la primavera, pero llegará.

zwaluw

Conclusión:

‘Las buenas prácticas pedagógicas’ es una responsabilidad profesional que como tema es actual dentro el ámbito profesional de la educación.

Sería más que estupendo que en un futuro cercano todas las Comunidades Autónomas de España siguan el ejemplo de Cataluña y tengan su propio manifiesto (o el mismo) deontológico para la actividad psicopedagogía. Por ejemplo cuando los estudiantes se gradúan y reciben su diploma  o al empezar un contrato de trabajo, – que los profesionales tendrían que leer el manifestó en voz alta y/o contestar positivamente a lo que el manifestó propone.

De este modo, concienciamos a los profesionales dentro el ámbito de la educación de la moral ética que es apropiada a la responsabilidad y los compromisos que poseemos frente al entorno educativo en el cual nos movemos y para la buena práctica docente.

 

bibliografia

  • MALLART, J. (2011) Hacia una deontología de las profesiones pedagógicas. XII Congreso Internacional de Teoría de la Educación. Barcelona.
  • http://www.cite2011.com/Comunicaciones/A+R/181.pdf
  • Moreu Ángel C. PPT; TEMA 2 La dimensión ética y profesional en el entorno psicopedagógico: Competencia ética y códigos deontológicos.
  • Palomar, J. Filosofía desde el Palomar. http://filosofiapalomar.blogspot.com.es
  • *https://es.wikipedia.org/wiki/La_excepci%C3%B3n_confirma_la_regla

 

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